Los conductores de ataudes metálicos iluminados,
a dos pares de ruedas se quejan,
marchan otro detrás de uno,
y uno detrás de otro,
en la estela perfilada,
por aquellos que recordaban el significado.
Las cadenas invisibles se sucedían,
con ellos venían.
Olvidando las ilusiones de seguir "su" camino.
Y la luna sigue brillando...
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