En uno de miles de viajes entre un lado y otro de la bahía, subido de nuevo en el autobus que nos lleva de camino al descanso, se vomitan jugando estas letras...
larara,
la creatividad que inunda las cosas nuevas,
nieve y el calor del sol,
que tiembla de nuevo,
con huesos gastantes de viejo,
y así la rubia vacia su cuerpo,
desde dentro de si...
y...
y...
las sombras cambian de forma...
del añil a la azucena,
del sentir la marea...
Dame un rizo o qué?
deme un placer de cada y con ello el sudor de la piel
recubre las uñas manchadas de merchandaising "No Aprendas".
Y espadas de espadas rotas,
y lirios con olor a loto,
y un sabor a bilis,
y sigo roto.
Y asoma la sapiencia,
de que se se siente,
esta vez,
de nuevo.
Y viejos recuerdos,
recuerdo de nuevo,
aquellas hojas rotas que
nunca existieron en aquel otoño que
ni llegó ni se fue con la marea...
Y un rokero vestido de prada,
en el prado pastorea,
modorras ovejas.
La realidad imaginada toma su lugar en el blanco clorado,
y su pureza inmaculada se pierde entre expacios llenos de imágenes.
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